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¿ADIÓS AL SEPBLAC? EL GOBIERNO ANUNCIA LA CREACIÓN DE LA ANIFI Y LA MAYOR REFORMA DEL SISTEMA ANTIBLANQUEO DESDE LA LEY 10/2010

por | Jul 28, 2026 | Blanqueo de capitales, Noticias

La futura Autoridad Nacional de Integridad Financiera (ANIFI) nace con la vocación de convertirse en el principal organismo español de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo. Según el anteproyecto, asumirá funciones que actualmente se encuentran repartidas entre distintos órganos de la Administración General del Estado, integrando en una única institución competencias de inteligencia financiera, supervisión, inspección, potestad sancionadora y coordinación en materia de sanciones financieras internacionales y de prevención de la financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva.

En la práctica, la ANIFI sustituirá el modelo vigente, en el que el SEPBLAC desempeña la función de Unidad de Inteligencia Financiera, mientras que otras competencias se distribuyen entre la Secretaría de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias, el Tesoro Público y otros organismos con funciones supervisoras. El objetivo del legislador es concentrar estas capacidades en una autoridad independiente, con mayor autonomía funcional, una estructura especializada y una interlocución directa con la futura Autoridad Europea de Lucha contra el Blanqueo de Capitales (AMLA), llamada a coordinar el nuevo sistema europeo de supervisión.

La intención es clara: construir un modelo más integrado, reducir la dispersión competencial y dotar a España de una institución alineada con el nuevo marco europeo de prevención del blanqueo de capitales. Sin embargo, la verdadera cuestión no será únicamente cómo se diseñe su estructura, sino cómo ejercerá sus competencias y si dispondrá de los recursos, la independencia y la capacidad técnica necesarios para cumplir con las expectativas que genera esta profunda reforma institucional.No estamos ante un simple cambio de nombre ni ante una reorganización administrativa más. Estamos ante una reforma que puede redefinir la forma en la que España entiende la prevención del blanqueo de capitales durante las próximas décadas.

Porque las organizaciones criminales no se preocupan por el organigrama de la Administración. No modifican sus estructuras porque una institución cambie de denominación ni porque se redistribuyan competencias entre organismos públicos. Lo que verdaderamente les dificulta operar es una inteligencia financiera eficaz, una coordinación real entre instituciones y una capacidad de anticipación superior a la suya.

Durante los últimos quince años, los sujetos obligados han visto cómo sus responsabilidades crecían de manera constante. Se han multiplicado las obligaciones documentales, las políticas internas, los procedimientos de diligencia debida, los análisis de riesgo, la identificación de titulares reales y las exigencias de conservación de información.

Todo ello era necesario. La delincuencia económica evoluciona y la regulación debe hacerlo con ella. Pero también es legítimo preguntarse si ese incremento permanente de obligaciones ha ido acompañado de un aumento equivalente en la eficacia del sistema. Porque una mayor carga regulatoria no implica necesariamente una mayor protección frente al crimen organizado. Con demasiada frecuencia hemos confundido actividad con resultados.

Se anuncian inspecciones, expedientes, requerimientos y sanciones como si esos datos fueran, por sí mismos, la prueba del éxito del sistema. Sin embargo, esos indicadores únicamente reflejan el volumen de actividad administrativa. Los verdaderos indicadores deberían ser otros.

Deberíamos preguntarnos cuánto dinero procedente del delito ha dejado de incorporarse a la economía legal. Cuántas organizaciones criminales han visto frustradas sus operaciones gracias a la inteligencia financiera. Cuánto patrimonio ilícito ha sido localizado, bloqueado y finalmente decomisado. Cuánto tiempo tarda una comunicación de operación sospechosa en transformarse en una investigación eficaz.

En definitiva, deberíamos medir la capacidad del sistema para reducir el poder económico de las organizaciones criminales, no únicamente su capacidad para generar expedientes administrativos.

La futura ANIFI tiene una oportunidad extraordinaria para cambiar esa cultura. Pero para conseguirlo deberá evitar convertirse en una autoridad centrada exclusivamente en supervisar el cumplimiento formal de las obligaciones. Necesita convertirse en un auténtico centro nacional de inteligencia financiera, capaz de integrar información, generar conocimiento estratégico, coordinar actuaciones con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, colaborar con la Fiscalía, trabajar de forma sincronizada con la futura Autoridad Europea de Lucha contra el Blanqueo (AMLA) y aprovechar las posibilidades que ofrecen la inteligencia artificial y el análisis masivo de datos.

La prevención del blanqueo del siglo XXI ya no puede apoyarse únicamente en formularios, listas de comprobación y procedimientos estandarizados. El dinero ilícito circula hoy a una velocidad nunca vista. Se mueve entre jurisdicciones en cuestión de segundos, utiliza criptoactivos, plataformas digitales, estructuras societarias complejas y modelos de negocio que hace apenas unos años ni siquiera existían.

La respuesta institucional no puede seguir avanzando al ritmo de reformas legislativas que tardan años en completarse. Existe además un aspecto que considero especialmente relevante. Los sujetos obligados no deberían contemplar a la futura ANIFI como un órgano cuya única misión sea inspeccionar y sancionar. Una autoridad moderna también debe generar confianza. Debe ofrecer criterios interpretativos claros, resolver dudas, unificar criterios de supervisión y proporcionar seguridad jurídica. Porque el cumplimiento normativo resulta mucho más eficaz cuando quienes deben aplicarlo saben exactamente qué espera de ellos la Administración.

La incertidumbre nunca ha sido una buena aliada del Compliance. Tampoco de la inversión. Ni de la competitividad empresarial. Por eso, la creación de la ANIFI solo tendrá sentido si consigue algo más que concentrar competencias bajo un mismo techo.Debe convertirse en una institución independiente, altamente especializada, tecnológicamente avanzada y con capacidad suficiente para adelantarse a las nuevas formas de criminalidad económica.No basta con reaccionar cuando el delito ya se ha producido. Hay que ser capaces de anticiparlo.

En mi opinión, el verdadero éxito de esta reforma no se medirá por el número de inspecciones realizadas, ni por el importe de las sanciones impuestas, ni siquiera por la cantidad de comunicaciones de operaciones sospechosas recibidas. Se medirá dentro de unos años. Cuando podamos responder con datos objetivos a una única pregunta. ¿Es hoy España un país más difícil para blanquear dinero que antes de la creación de la ANIFI?

Si la respuesta es afirmativa, estaremos ante una de las reformas institucionales más importantes de nuestra democracia reciente. Si la respuesta es negativa, habremos creado una nueva autoridad, pero no habremos resuelto el verdadero problema. Y esa es una oportunidad que España no debería permitirse perder.

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