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Ciberdelitos en España: hasta 4 millones de víctimas en 2024

por | Feb 15, 2026 | ciberseguridad, Noticias

La cifra negra del delito digital multiplica el impacto real más allá de las estadísticas oficiales

La cibercriminalidad constituye uno de los ámbitos donde la distancia entre criminalidad real y criminalidad registrada alcanza mayores niveles dentro del sistema penal contemporáneo. Este fenómeno, conocido en criminología como “cifra negra del delito”, adquiere en el entorno digital una dimensión estructuralmente superior a la observada en la delincuencia convencional, debido a factores tecnológicos, organizativos y psicosociales que afectan tanto a la detección como a la denuncia de los hechos.

En España, el registro oficial de la cibercriminalidad se basa fundamentalmente en los datos del Sistema Estadístico de Criminalidad, que recoge los hechos conocidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a partir de denuncias o actuaciones policiales. Sin embargo, la propia naturaleza del delito digital, frecuentemente invisible para la víctima, transnacional, automatizado y de bajo impacto individual pero alto impacto agregado, genera un amplio espacio de infra denuncia que limita la capacidad del sistema para captar el fenómeno en su totalidad.

La literatura criminológica internacional sitúa de forma consistente la cifra negra del cibercrimen en niveles muy elevados, generalmente entre el 70 % y el 90 % de los hechos reales. En determinados supuestos, como el phishing no consumado, el fraude de pequeña cuantía, las intrusiones sin perjuicio económico inmediato o los incidentes absorbidos por organizaciones privadas, la infra denuncia puede superar incluso el 90 % o 95 %. Esta amplitud responde a múltiples factores: desconocimiento de la victimización, percepción de irrelevancia del daño, desconfianza en la eficacia de la respuesta penal, estigmatización de la víctima, complejidad técnica del delito y, especialmente, la externalización de la gestión del incidente en entornos corporativos sin traslado al ámbito judicial.

Aplicando estos rangos criminológicos al volumen de cibercriminalidad registrada en España en 2024, es posible construir una estimación macro del fenómeno real. Si se parte de la cifra oficial de hechos conocidos y se asume un escenario conservador de infradenuncia del 70 %, el volumen total de cibercriminalidad podría situarse en torno a 1,5 millones de incidentes anuales. En un escenario medio del 80 %, la cifra ascendería a más de 2,3 millones, y en un escenario alto del 90 %, el número real de hechos podría aproximarse a los 4,6 millones anuales. Estas magnitudes no constituyen cifras oficiales, sino proyecciones criminológicas basadas en patrones empíricos observados en estudios internacionales y comparados.

La interpretación de estas estimaciones exige cautela metodológica. La cifra negra no es un dato directamente medible, sino un constructo inferencial que depende de encuestas de victimización, estudios sectoriales y análisis comparados. Además, la definición de cibercriminalidad varía según el criterio adoptado: algunos sistemas la delimitan por tipo penal específico, mientras que otros, como el enfoque basado en el medio comisivo tecnológico, incluyen conductas tradicionales ejecutadas mediante tecnologías de la información. Esta heterogeneidad conceptual dificulta la comparación directa entre países y series temporales.

Desde un punto de vista criminológico, la elevada cifra negra del cibercrimen tiene implicaciones relevantes para la interpretación de la política criminal. En primer lugar, cuestiona la lectura lineal de las estadísticas policiales como reflejo del fenómeno real, ya que el volumen registrado representa solo una fracción del total existente. En segundo lugar, desplaza el foco de la eficacia penal desde la condena hacia la detección temprana y la prevención, ámbitos donde la intervención institucional puede resultar más determinante. En tercer lugar, pone de manifiesto la existencia de un “espacio invisible de victimización digital” que afecta tanto a particulares como a organizaciones y que no siempre transita por el sistema judicial.

En este sentido, la cibercriminalidad presenta una paradoja estructural: se trata de un delito de alta incidencia social, pero de baja visibilidad estadística. La masividad de los ataques automatizados, la fragmentación del daño y la rápida obsolescencia de la evidencia digital generan un entorno donde la distancia entre criminalidad real y criminalidad conocida es especialmente amplia. Esta brecha condiciona no solo la respuesta policial y judicial, sino también la formulación de políticas públicas, la asignación de recursos y la percepción social del riesgo.

La cifra negra del cibercrimen no debe interpretarse como una señal de ineficacia del sistema penal, sino como el resultado de la transformación del ecosistema delictivo en la era digital. El delito ya no depende necesariamente de la presencia física, la interacción directa o la denuncia inmediata, sino que se produce en entornos distribuidos, automatizados y, en muchos casos, invisibles para la víctima. En consecuencia, el desafío criminológico contemporáneo no reside únicamente en perseguir el delito detectado, sino en comprender y reducir el volumen de criminalidad que permanece fuera del radar institucional.

En definitiva, la estimación de la cifra negra en la cibercriminalidad española revela la existencia de un fenómeno de gran magnitud y complejidad, cuyo impacto real supera ampliamente el reflejado en las estadísticas oficiales. El análisis académico de esta brecha constituye una herramienta fundamental para interpretar adecuadamente el embudo penal del delito digital, orientar la prevención y diseñar estrategias de intervención adaptadas a la naturaleza del cibercrimen en el siglo XXI.

Articulo creado con IA, con supervision de persona

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